miércoles, 23 de febrero de 2011

La mala vida de Antonio

De manual, como se suele decir, la vida de este hombre y su desenlace, estaba en los manuales que se pueden consultar en cualquier facultad de psicología.

La primera vez que le vi se puso a gritar como un loco, totalmente fuera de si, quería que le diera un cigarro porque estaba con el mono. Yo le contesté que era nueva, pero no tonta. Ahí empezó a respetarme.

Dos meses después, a punto de entrar en la finca donde se iba a tratar, llamó todo orgulloso para contarme que había llegado al centro sin equivocarse, que las indicaciones que le había dado, le habían llevado, y no se había perdido.

Casi sin vida, robada por el tiempo, oscurecida por los acontecimientos, sin casa, sin trabajo, recién salido de la cárcel, casi no tenía historia, pero la tenía, como cualquier persona, la tenía. Y todo se empieza a explicar, cuando en una visita de su madre y su hermano, tuve ocasión de comprobar el principio del fin para una persona. Ella, mal vestida, mal hablada, despotricando del hijo, en lugar de animarle, y él, su hermano, drogadicto, completamente fuera de control, insultándole. Así toda la vida, abandonados por un padre alcohólico, desde pequeños andaban de servicios sociales a comisarías, cárceles y casas de acogida. En el trabajo, me decía Antonio, estaba en un pasillo muy estrecho y oscuro, y que allí, no tenía otra salida que la bebida.

Un día llegó la buena nueva. Antonio se va, le dan una oportunidad, si se rehabilita, tiene una posibilidad de reinsertarse, de compartir un piso tutelado, una formación y una paguita para poder ahorrar algo para el futuro. Está muy contento, pero muy nervioso e inseguro, no tenía claro si podía llegar al campo donde estaba la finca en el interior de Jaén. Antonio llegó, entró, permaneció dos meses allí y se rehabilitó. Vive en un piso, con dos compañeros, va a clase por las mañanas, aprende un oficio.

Tres meses después, en la puerta de Los Flamencos, un bar de mala muerte donde coinciden las peores compañías, estaba Antonio y su mala vida, de la que nunca va a salir.

Saludos

David

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