Estaba como dormido, de hecho tenía aparcada la idea que siempre he tenido de vivir junto al mar. Hace unos días, un tweet en la red social twitter removió un montón de sentimientos y recuerdos, las veces que he estado junto al mar, las veces que he vivido junto al mar, los océanos que he visitado, como pequeñas conquistas, muescas en un tablón donde tengo apuntadas las cosas que me quedan por hacer y las que he conseguido.
La primera vez que quise ver un sitio concreto cerca del mar fue La Torre de Hércules en A Coruña. He estado en muchos sitios, veraneado en playas desde muy chico, pero fue, al terminar mi contrato con una compañía aérea que saqué unos billetes para ir a Coruña, a ver la Torre de Hércules, y sobre todo el bravo mar que acechaba sus costas en días de fuerte temporal. 20 años después conseguí ir, además tuve la "suerte" de vivirlo con un temporal azotando la costa gallega. Llegué por la noche, y dormí con el ruido del viento silbando en la ventana, soñé casi toda la noche con el amanecer y ver por fin mi querida Torre. Y la vi, y disfruté mucho, caminando por el paseo que me llevó desde el hotel, lluvia y viento sacudiendo mi paraguas prestado. Por fin la pude ver.
Me encanta el mar embravecido, violentas olas que producen un sonido ensordecedor, espectacular al romper contra la arena o las rocas de un acantilado. Durante una larga temporada, la más feliz y turbulenta de mi vida, viví en una pequeña pedanía al borde del Cantábrico. Pechón es el último pueblo costero antes de llegar a Asturias. Se sitúa entre dos rías, Tina Menor y Tina Mayor. Recuerdo los días de temporal, con las ventanas abiertas para disfrutar del olor del mar y de las tormentas, y los paseos por los acantilados de las rías para ver el espectáculo de las olas gigantes entrando con fuerza dirección a los Picos de Europa. Era mi escondite, allí estuve exiliado voluntariamente fuera de la jauría montada por mi mismo, y que me ha perseguido durante algunos años. Todavía tengo flecos que cortar, pero fui muy feliz allí, al borde del mar.
Un sitio que me ha impactado, y no sé decir muy bien porqué, es el Océano Pacífico. He tenido el privilegio de bañarme varias veces, y siempre con la misma sensación de descontrol. No tengo miedo alguno, si mucho respeto, de hecho, me encanta bañarme cuando hay olas fuertes, pero lo del Pacífico tiene algo, para mi, que me hace sentir un respeto mucho más serio que el que tengo hacia otros mares en los que me he bañado. Tuve un percance en Guatemala, me rompí el sóleo cuando estaba haciendo nada, tranquilo y relajado cerca de la orilla cuando sentí como un "bocao" en la pantorrilla, seguro de que un bicho me había atacado, tuve un ataque de pánico y la sensación de que el mar se puso fuerte para que yo no pudiera salir fuera. Tengo que darle las gracias a mi amigo "El Pelao", que me sacó del agua en brazos y me auxilió con un guantazo del ataque de miedo que tenía en ese momento. Estuve 4 meses convaleciente, y el agua fría de la playa de Pechón me ayudo a recuperar el músculo.
El color del mar, es algo que me fascina. He vivido a orillas del Mar Caribe, en Miami, el color turquesa del mar es espectacular, aunque no me entusiasma la temperatura del agua, a mi me gusta fría, y no caldosa como estaba en la época que pasé allí. Disfruté mucho del buceo en la orilla del mar, vi muchos peces, hasta un delfín dos veces el mismo día, una por la mañana de sur a norte y por la tarde volviendo, supongo, a su casa, me pasó a tres metros.
El Mediterráneo no me entusiasma, siempre lo asocio a la costa valenciana, atascos en la A-3, saturación en los chiringuitos y los guiris dando por saco. Pero es que Mallorca e Ibiza, son otra cosa, nada que envidiar al color del Caribe, lo único es que no me gustan las islas, ninguna.
El Mar del Plata, que de mar no tiene nada, es un río de color marrón oscuro de aspecto sucio, aunque no lo esté, doy fe de ello al haberme congelado durante un valiente baño en Punta del Este, balneario de toda Sudamérica y comparado con Benidorm por ignorantes que no saben lo que es el turismo de lujo.
Las playas de Río de Janeiro, Copacabana e Ipanema. La ciudad es un poco caótica, pero el enclave geográfico donde se encuentra, es único, y por eso, la ciudad es única. Soy heterosexual, pero merece la pena pasear por estas playas para ver los cacho tíos que hay, impresiona ver los cuerpazos.
Me faltan muchos sitios que ver, muchos mares, playas, desembocaduras, puertos... poco a poco.
Creo que el sitio donde quiero pasar mis días junto al mar es Cádiz. Definitivamente es el lugar con más playas bonitas, atardeceres espectaculares, sitios para comer, visitar, en fin, qué voy a contar yo si digo que quiero vivir allí. Ahora estoy cerca, y disfruto mucho yendo de vez en cuando, pero quiero que pase a ser permanente. Poco a poco, algún día lo conseguiré.
Saludos
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