lunes, 19 de septiembre de 2011

La penita

Hoy estoy en Milán, es casi media noche, ayer estuve en Munich, y antes de ayer en Bilbao, mañana termino mi línea de cuatro días, que en realidad son cinco fuera de casa. Es gracioso cómo ha descrito el copiloto de hoy la situación, ha dicho que cuando le llaman y dice que está en Milán, le contestan "qué cabrón", y el piensa qué cabrón tú que estás en tu casa con los tuyos. Evidentemente nadie sabe o piensa que nos hemos levantado a las 9 de la mañana después de descansar unas horas, lo mínimo que marca la ley, precedidas de una jornada maratoniana y llegar al hotel de noche y deseando coger la cama.

Estoy en Milán, mañana voy a Madrid y luego a Dubrovnik para llegar de regreso a Madrid sobre las 5 de la tarde. Me levanto a las 5 de la mañana, y he llegado al hotel a las 8 de la tarde, es domingo y los italianos vuelven de fin de semana, y nos ha pillado un gran atasco, después de las horas en el avión y la llegada al aeropuerto con una tormenta que ha requerido una concentración por parte de toda la tripulación que nos ha dejado algo flojitos.

Estoy en Milán, echo de menos a mi familia, a mis hijas y a mi mujer, y pienso en mi sobrina. Penita mía que se ha ido hace mes y medio. Estoy en Milán, en la habitación de un hotel fantástico, en una habitación que me come, solo, muy solo, y pienso en la vida que tenía por delante, lo risueña que era, la felicidad que contagiaba a todo el que estaba cerca suyo.

Ay que penita mi niña, no pasa una noche sin que me vaya a dormir pensando en ti, viendo tu sonrisa y pensando que es una pesadilla, y que cuando me despierte voy a llamarte y vas a estar al otro lado de la línea. Sueño todos los días con ese momento, el momento en que te llamo y contestas, como la última vez que hablamos, estaba en casa de la abuela y llamaste, como hacías todas las semanas para hablar con ella y con tu padre, o con la tía o con quien pillara ese día.

Es eso, una pesadilla, un mal sueño del que algún día nos despertaremos todos, porque todos te queremos, eras una de esas personas a la que todo el mundo quiere, no me extraña, una luchadora, una valiente, llena de amor que repartía bondad por todas las esquinas, una sanluqueña de pro, orgulosa de tu pueblo de sus fiestas, capillita y futbolera, y muy amiga de tus amigos, todo corazón.

Me acuerdo mucho de los abrazos que me dabas, yo siempre te pedía que me los dieras más fuerte, y tu apretabas tu cuerpo contra el mío con la fuerza de tus brazos, y yo te abrazaba con los míos, y entonces sí, me quedaba satisfecho. Me acuerdo de la última vez que nos vimos, en La Calzada, nos volvimos a abrazar y yo te dije que me dieras otro abrazo, pero de verdad, fuerte, y sonreíste, y me diste el mejor abrazo que he recibido jamás de ti.

Lo recuerdo todo, me acuerdo de todo, no se me va a olvidar nunca, imposible...

Ay mi penita, yo escribo esto y me desahogo, pero no me consuela...