Una semana un poco larga, del 13 al 22.
A veces la semanas, en el mundo de la aviación, tienen 10 días. De hecho, hay un mes que tiene 32 días, por motivos operacionales, el mes de Diciembre tiene 1 día más (cosas de ordenadores), aunque el mes de enero sigue teniendo, también, sus 31 días correspondientes.
La semana empezó apurando mi balseo de Sevilla a Madrid, no tenía ganas de madrugar, y parecía que los controladores, los pilotos, el personal de tierra de los aeropuertos y el tiempo estaban tranquilos. Poco iba a durar esa tranquilidad. Primer día de trabajo tranquilo, con la llegada a Asturias por la noche y el traslado al hotel Reconquista en Oviedo. Este hotel es uno de los mejores hoteles que los que jamás me he alojado, no sólo por el lujo, sino por los detalles del personal, que hacen la estancia muy placentera, y eso es de agradecer cuando pasas la mitad de tu vida fuera de casa. Sentir que están pendientes y que entienden las peculiaridades de tu profesión es algo impagable. Cena espectacular, en un salón precioso decorado con tapices, cuadros de época y alfombras que da pena pisar. Habitación muy tranquila, cama muy cómoda con sábanas de hilo, deliciosas para retozar y dar vueltas. El baño, modernísimo, con un montón de chuminás y lleno de espejos, una ducha que de verdad funciona y de la que disfruté durante casi media hora. Desayuno completo, dulces, tostadas, salados, zumos. frutas.
Uno de los salones del Hotel Reconquista
El paseo por Oviedo merece la pena, el centro es precioso, la Catedral, el Ayuntamiento, el Teatro Campoamor, sus calles escondidas que te llevan a cualquier plaza donde hay un mercado, un puesto de artesanía o de flores, o donde te encuentras con un bar, perfecto para el avituallamiento. Un cahopo como Dios manda, una sidra natural y la vuelta para el hotel.
Sidrería "El Cachopín"
La tranquilidad iba a durar poco. El conductor que nos transporta del aeropuerto al hotel y viceversa es un hombre que lleva trabajando con las tripulaciones desde el jurásico. Dicen que tiene un piloto automático, y que todo el que monta por primera vez con él se lleva el susto de su vida. Yo no iba a ser menos. Ya por la noche, en el trayecto aeropuerto-hotel, me pareció que daba un par de cabezazos, como si se estuviera durmiendo. Al día siguiente, lo confirmé, a las 5 de la tarde, con la tripa llena, en mitad de la autovía y con toda la tripulación dormida, yo era el único que vigilaba a Pancho. después del décimo cabezazo y estando a punto de salirnos de la calzada y darle por detrás a un trailer, le toqué en el hombro para saber si iba bien el hombre. Le di tal susto que del volantazo se despertaron todos, les dije que estaba medio dormido y todos se rieron de mi, Pancho tiene no es un hombre, es un robot con el piloto automático puesto. De verdad que todavía tengo el susto de el cuerpo.
Tres saltitos de na, con una turbulencia que el queso de nuestra bandeja saltaba de un lado a otro, demoras por mal tiempo en destino, y el tiempo justo para coger el vuelo de regreso a Sevilla, que afortunadamente salía con algo de demora y además iba medio vacío, con lo que pude sentarme con un compañero y hacer un trajecito a más de uno. Llegada a casa a la 1 de la mañana para estar menos de 24 horas, merece la pena la paliza, los retrasos y las turbulencias por ver a mi niña chica despertarse.
Por la noche, vuelta a Madrid, a casa de Cuqui. Noche corta y madrugón, línea de 3 días con 5 vuelos a Lisboa en tres días. Primer día de línea Bruselas, llegada al hotel, menuda diferencia, comparar a Dios con un gitano es lo menos que se me ocurre del hotel, un NH, en el centro, muy cerca de la Grand Place y de una calle muy comercial. Lo mejor fue el paseo después de la vergonzosa comida que nos dieron en el hotel, haré mención en algún post sobre las comidas y el servicio en los diferentes hoteles a los que vamos por Europa. El detalle de poner el pan con las manos y los cubiertos.. en fin.
Al que le guste la cerveza, tiene que pasar por el Cafe Bar Delirium, está en el libro guiness de los récords por tener una carta con más de 2000 marcas de cervezas. Yo me tomé una belga de trigo que disfruté como un enano.
Disfrutando de mi cerveza de trigo
Madrugón y 4 vuelos, para terminar en Lisboa, una de las ciudades europeas que más me gusta. El Hotel está muy bien situado, es antiguo, pero lo han reformado, y además nos invitan a cenar. Antes nos dimos toda la tripulación un paseo por el Chiado y el Barrio Alto, parada y fonda en la cervecería Trindade, donde con las cervezas o el vinho verde que te tomas, te ponen unos altramuces (chochitos en mi pueblo) y esperas a que te den mesa, si quieres. Vuelta al Hotel, donde de camino, me paré en la puerta del Restaurante As Velhas, y recordar las veces que he comido bacalao en este escondido y recomendable sitio. Cena con buena cerveza y buen vinho y a dormir que hay que madrugar. despertar a las 4:30 AM.
Aproximación a Lisboa
Barrio Alto, al fondo el Castillo de San Jorge
Llegada a Madrid sin ningún sobresalto, antes de hora y vuelo a Sevilla en hora, en trasportín (asiento asignado para la tripulación que usamos los que volamos con frees cuando no hay sitio en el avión y el comandante tiene a bien llevarnos). Llegar a casa, ver a mis niñas, dormir y al día siguiente vuelta pa Madrid que hay que madrugar, esta vez para volver a pernoctar en Sevilla. Poco que decir, en casa, pues duermo en casa, madrugón y sorpresa cuando llegamos a Madrid, no hay copilotos y se llevan al nuestro para hacer otro vuelo. sin copiloto no hay vuelo, cancelación de puente aéreo y a casita a las 9 de la mañana. Mal día pasé, mi niña me ha contagiado un catarro que se ha convertido en sinusitis. Al día siguiente me voy a volar como un valiente idiota, con fiebre, nariz tapada y garganta roja como un pimiento morrón, a Estambul y vuelta. No recuerdo peor vuelo en mi vida, con subidas de fiebre, tos, y dolor de oídos. En el vuelo de vuelta a Sevilla casi llaman a una ambulancia de lo caliente que estaba y los temblores que tenía. Llegar a casa y leche caliente con ron para la fiebre.
El mes se acaba, sigo de baja, sin poder respirar, con dolores de cabeza intensos, sordo como una tapia del oído derecho, pero disfrutando de mi enana que está a punto de andar solita. Hoy se ha dado un cabezazo con el pico de la mesa que los llantos se han oído en Marruecos.
Saludos
David Martín
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