lunes, 21 de marzo de 2011

Semana Aeronáutica 1

Del 5 al 12 de Marzo.

Londres, Londres y más Londres, con lo que supone viajar a la capital del Reino Unido, los controles a la salida y a la entrada del aeropuerto, que son más rigurosos que los que se realizan a los pasajeros. Parecen de coña, igual que los pasajeros, hay que separar los líquidos que se lleva en el equipaje de mano, y meterlos en una bolsita transparente cerrada, los ordenadores aparte, fuera de su funda, cinturones, relojes etc etc. Una compañera llevaba una crema carísima que se le olvidó meter en la dichosa bolsa y una vez pasado por los rayos y detectado por los avispados trabajadores de la seguridad, le pusieron mala cara, le tomaron la filiación, y por supuesto le quitaron el botecito de crema, no permitiéndole meterlo en la bolsa transparente y pasarlo otra vez por los rayos. Eso si, lo metes en la maleta y no pasa nada, luego llegas a pié de avión, abres la maleta, coges lo que necesites y vuelves a cerrarla para ponerla a pié de la bodega correspondiente. Surrealista es lo más fino que se me ocurre decir de la situación. A mi me quitaron un envase enano con aceite de oliva, de esos que sirven para aliñar una ensalada de dos hojas de lechuga y medio tomate cherry.

Londres supone también un largo paseo en bus hasta el hotel. Está muy bien ubicado, cerca de Buckinham Palace, pero a veces el tráfico de la City hace que se te quiten las ganas de volver, aunque luego merece la pena. Como era el día de mi cumpleaños, la compañía tuvo a bien tener el detallazo de regalarme un día largo, madrugón incluido, lleno de retrasos y con pasajeros cabreados, nada que una buena cerveza en un Pub no remedie.



Al día siguiente más de lo mismo, Londres y más Londres, mismos problemas con la seguridad y el tráfico, aunque esta vez llegamos un poco antes y pude dar un paseo por Oxford, Regent y Hyde Park, ver unas cuantas tiendas y comprarle unos patitos de goma a mi niña en una maravillosa tienda de juguetes. Luego cena, dormir y madrugar.
El último día de línea, al regresar de Londres, teníamos programado un apetecible y larguísimo vuelo a Gran Canaria. Los vuelos a las Islas Afortunadas son especiales, ya escribiré algo sobre esto en otro post. Al final nos cambiaron el vuelo, llevábamos un retraso de casi dos horas por culpa del operario del suministro de combustible en el modernísimo y eficiente aeropuerto de Heathrow, y nos pusieron un vuelo a Casablanca. Al final llegamos más tarde de la hora inicialmente programada con el vuelo inicial a Las Palmas, nos quitaron horas de vuelo, y nos incrementaron actividad.
Al terminar el día, camino del autobús que me llevaba a casa de mi madre, vi en las pantallas informativas de los vuelos en Barajas, que el vuelo que nos habían quitado, no había despegado de Madrid, casi 4 horas después. Pobres pasajeros, y pobre tripulación que volara a Canarias.

Mi cuarto día de actividad me tenía reservado un vuelo a Estocolmo y vuelta, desde las 9 de la mañana hasta las 8 de la tarde, puntuales, buen tiempo en Estocolmo con -6ºC. Normalmente, en los vuelos de más de 3 horas de duración, a los pasajeros se les sirve una comida, en este vuelo no es así, se les da un servicio de pago como en el resto de los vuelos cortos, y la razón es que se vende todo lo que embarcan, y porque no cabe más, que si no también se vendería.
Tuve la suerte de volar con un amigo al que no veía desde hace casi 10 años, el tiempo que he estado dando saltos a un lado y al otro del charco. Es lo que tiene volver a la flota de corto radio, que ves compañeros de antaño y revives anécdotas del pasado, que siempre fue mejor.

Vuelta a casa, y cuatro días de descanso.

Saludos

David Martín

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